C U A D E R N O D E B I T Á C O R A d e l C l u b d e A m i g o s K R O N O S l a N a v e d e l a F i l o s o f í a y l a C i e n c i a e l A r t e y l a P o e s í a e l H u m o r y e l M i s t e r i o S U M A R I O Jueves 15-1-98 Edición Matinal ___________________________________________________________ Quetzal_________________________________JUEVES QUETZAL Deia______________________________Palabras de la Tarde VII Manú___________________________________________El Silencio ___________________________________________________________ From: quetzal@pop.newage.com.ar Subject: JUEVES QUETZAL Mi BARRIO BELGRANO es el mejor del mundo. Todos los argentinos tenemos algunos axiomas indiscutibles de nuestro país... Que Buenos Aires es la única ciudad del mundo que se puede comprar un libro a las tres de la madrugada y existen la mayor cantidad de espectáculos culturales en forma simultánea.(?) Que tenemos los mejores campos del mundo, donde tiras una semilla crece trigo. (?) Hablamos de nuestra fabulosa y barata carne vacuna , relacionándola con el incomparable bife de chorizo.(?) Es cierto que un ingeniero argentino tiene tanta imaginación que puede arreglar una central atómica con alambre . (?) La avenida mas larga del mundo y el río mas ancho y el mejor footbol y .... pero como mi barrio... no existe otro en el mundo, che. Dicese: BARRIO DE BELGRANO Tradicional barrio con importante desarrollo cultural y pujante centro comercial. Iglesia de la Inmaculada Concepción. 1878 "La redonda". Museo Enrique Larreta (1916) Vivienda y jardines del famoso escritor. Las calles Cabildo, Juramento, y la sucesión de calles con el nombre de los virreyes. Yo nací en ese Barrio Belgrano, Mi casa estaba en la calle Congreso, entre Cuba y Arcos, era de esas que llaman chorizo, pues todas las piezas daban al patio de adelante. El techo del mismo estaba sostenido por unas columnas, que formaba la galería. Atrás estaba la cocina, el baño y un vestíbulo con vidrios decorados. Para ir de la cocina o del baño a las piezas había que pasar por el patio, aunque lloviese o hiciese frío. Era una época que se subalquilaban habitaciones , tranquilamente se compartía el baño y la convivencia era muy cordial. En mercado de la calle Monroe, se mataban los pollos y se los desplumaban a la vista. También estaba el verdulero Don Gregorio, que te regalaba la verdurita. Un recuerdo a : Mary y Chola, las planchadoras del barrio, se las veía pasar todos los días a la misma hora con los brazos extendidos y la pila de camisas recién planchadas rumbo a la lavandería, que estaba en la calle Obligado. En la casa de ellas siempre había olor a limpio una mezcla de vapor, almidón y lejía . Al carbonero que a medida que se iba instalando el gas natural, empezó a vender papas, cebolla y batatas. Don Jaime el colchonero que iba a domicilio con la maquina de cardar lana y una parrilla de madera donde apoyaría el colchón a reparar. Permiso... que viene el hielero, con su chatita revestida de zing para que el hielo se derrita lo menos posible. Lo serruchaba y lo envolvía en una arpillera. Últimos bocadillos, para el lechero con los tachos y el jarrito medida y otro para el mimbrero que pasaba en una carro tan cargado que siempre estábamos esperando que se desmorone. Para el carrito de La Panificadora Argentina, que te llamaba con una corneta y un saludito a los caballos que usaban sombrero, dejando las orejas a la vista. Una cuadra y media pasando la barrera estaba la panadería Las Buenas Aguas. Allí llevábamos los pollos y las tortas para las fiestas para usar el horno grande. Ir a la panadería era fantástico, los recipientes donde amasaban el pan parecían unas bañaderas y el olor a levadura era exquisito. A nosotras las nenas nos dejaban jugar con los pedacitos de masa. El almacenero, que vendía los fideos y el azúcar suelto, haciendo un paquete en forma de cucurucho y la zurcidora de medias de nylon. Por ultimo un recuerdo Don Cesar que era el amigo del comisario, y al lado vivía Agustín Magaldi el cantor de tango. Hasta aquí una parte de mi homenaje a mi barrio y con ello también pueden deducir mi edad. Tengo otro capitulo para contarles, de como festejábamos el Carnaval y nuestras amistades con los vecinos. Solo quiero saber si ustedes compartieron algunas de estas vivencias , en vuestro barrio ... entonces.... somos sensibles y capaces de vivir . No importa como se llame ni donde este , siempre será " El Mejor Barrio del Mundo ". A ustedes con todo humildad y cariño Lydia Quetzal quetzal@newage.com.ar _______________________________________________________________ From: Deia Subject: Palabras de la Tarde VII VENTANAS Ventanas, ventanas largas, cuadradas, estrechas, azules, hacia dentro, de cristal de colores, hacia fuera. Algunas tardes de invierno tienen alféizar de nubes para asomarse, abrigada, a ver reir las estrellas. Ventanas, ventanas que tienen alas y al abrirlas viene y va, encantada, la mirada. Deia _______________________________________________________________ From: "Manú" <144@arrakis.es> Subject: El Silencio El Silencio Casi siempre las palabras dicen menos que los silencios. Había una vez una persona que sabía escuchar el rumor del agua, y el crecer de la hierba, y la cháchara de los gusanos, y todo lo que expresan cuantas cosas existen. Incluso esta persona tan oidora sabía escuchar el mensaje de lo que todavía no existe: Y es así como si miraba -por ejemplo- una chimenea en una habitación del piso bajo le oía decir perfectamente "Haz aquí una puerta que dé al jardín". La persona en cuestión tenía gustos musicales sumamente exquisitos, por lo que sólo oía música clásica -y preferentemente polifonía coral- y un tipo de música sintetizada con ordenadores llamada "Atmósfera". Cuando la persona en cuestión estaba solo solía apretar un botoncito en un mando a distancia y la música continuaba exactamente por donde la había apagado. ¿Y qué ocurría entonces?: Que el ambiente de la habitación o de donde fuera se transformaba radicalmente y se salía de la época en que estaba un momento antes, para pasarse a un lugar intemporal y eterno, del cual el Olimpo es una especie de caricatura. (También es cierto que "El Olimpo" era el nombre de un solarium nuevo que había sido construído por encima del antiguo, pero allí no solía sonar música). Cuando el Imperio trasladó su capital a Bizancio el Senado también lo hizo, pero el reglamento de la cámara fue cambiado para que allí nadie pudiera hablar sino sólamente oír los discursos del emperador y aplaudir después sonoramente o cuando se le indicara. Por eso el Senado Romano cambió de nombre, y desde entonces se llamó "El Silentium", y entonces daba gusto. Cada vez que la persona en cuestión -que se llamaba Agustín- recordaba sus viejos tiempos vividos en Constantinopla sonreía complacido beatíficamente. Hubo un momento en que la corte imperial con su emperador a la cabeza decidieron "Mira, vamos a dejarnos de cuentos y suprimamos al Populusque". Y desde entonces el Imperio se quedó limpio de polvo y paja, y los músicos fueron sustituídos por casetes y por compactos, que después de ser usados se guardan en una caja y no dan problemas. "Oh qué avance" solía decir de vez en cuando Agustín "es esto de la civilización y de la tecnología puntera". También le gustaban mucho las plantas, -(probablemente porque no hablan)-, Bueno, -no hablan en la gama de frecuencias audibles para el oído humano-, pero lo que es Hablar sí Hablan -a su modo-. Agustín se asomaba algunas veces a la terraza de su habitación, que daba a lo lejos a una invisible calle, que no se veía porque la tapaban los árboles, en la hora en que algunos rayos de sol conseguían traspasar la espesura verde y no-sé-qué y llegar al suelo. Tampoco sabía cúando era viernes, sábado o domingo, -nadie en la casa sabía esas cosas-, pero le daba exactamente igual. Lovecraft no le caía del todo bien, y lo consideraba demasiado tétrico: "Es bonito escribir cuentos, pero lo que es horrible es que todos sean cuentos mortuorios o pringosos". Agustín no creía ni poco ni mucho en los dioses de Cthulhu, ni en demonios: "Los únicos demonios que existen son algunos seres humanos" aseguraba. Tampoco creía en más infiernos que los que hay en la Tierra y en donde haya gente. Realmente había roto sus relaciones con todo el reino animal, salvo con su perrito Sire, que no era un perro sino un Guli. Los gulis son redondos y peludos y son un prodigio de gracia y de simpatía, de agilidad y de fidelidad. Bueno, pues eso es todo, -a Agustín le gustaba el silencio-, pero no el silencio de las tumbas -ni muchísimo menos- sino el silencio de las cosas vivas y eternas como las estatuas. "Donde se ponga una estatua que se quiten todos los parlanchines" solía decir. Bueno, decirlo no lo dijo nunca, pero lo pensó. M a n ú http://www.line-pro.es/kronos/manu/libro.html _________________________________________________________________