C U A D E R N O D E B I T Á C O R A d e l C l u b d e A m i g o s K R O N O S l a N a v e d e l a F i l o s o f í a y l a C i e n c i a e l A r t e y l a P o e s í a e l H u m o r y e l M i s t e r i o S U M A R I O Jueves 15-1-98 Edición de Tarde ___________________________________________________________ * Q *_________________________Encuentro en Miskatonic I V Escualo__________________________A propósito de cuento... Manú_____________________________________________Ella y Él ___________________________________________________________ From: * Q * Subject: Encuentro en Miskatonic I V Otro de los relatos que me fascinó hasta ver chiribitas por el cielo, fue uno que Lovecraft dio en titular "La música de Erick Zan", que fue la historieta en la que me basé meses pasados aquí en la Kronos para hablar de los distintas dimensiones del espacio-tiempo, espacio-vidas, espacio-etcétera. Pero la vida tiene sus circunstancias y sus cambios, por lo tanto ahora me apetece analizar otra perspectiva del relato mencionado. La música de Erick Zan transcurre en una calle de París que no existe, en un último piso que no tenía vistas a ningún sitio, y de un hombre que habitaba ese lugar y que hacía sonar una música alocada con su violín diabólico. El caso es que Lovecraft ha sabido aprovechar los hechos acaecidos en su época, una época de transformaciones y de revoluciones o seudo revoluciones artísticas, y por aquellos tiempos la música de Stravinsky hacía furor, también había otros músicos pero menos populares; véase el caso de Toscanini con su toque de histerismo al violín, o Hindemith con su manera loca de interpretar cuartetos, y Bartok y... en fin, una montonera de gente muy excéntrica. Pero había otra gente que apareció después de Lovecraft, como es el caso que tengo en mente. Se trata de un compositor-intérprete-profesor de violín llamado de manera muy, pero que muy extraña, Schnitke, o algo así, para españolizarlo un poco se puede decir, Chenique, nada que ver con otro artista que creo que es argentino y es de letras, vamos, escritor. El caso es que una vez escuché una música que me trajo el recuerdo del relato de Lovecraft, una música que superaba toda realidad hasta el momento conocida por mí. El día que lo escuché en la radio me quedé harto extrañado, -(había cogido la interpretación empezada)- pues sabía que se trataba del glorioso y único concierto para violín, sí, el de Beethoven. Lo que no lograba entender era el momento en el que sonaba la cadencia. No lo entendía porque en un principio me pareció un insulto para tan magnífica obra. Expliquemos en breve que una cadencia en un concierto para un instrumento, es el momento en el que el solista del instrumento que sea, hace sus delicias para con el público y éste vea de lo que es capaz ese músico. En otras palabras, el compositor de la obra crea una música en el papel pautado con toda la orquestación y el ley motiv del instrumento solista, pero llega un momento o varios, en el que ese instrumento solista se queda eso, solo, y es en ese momento cuando aparece la llamada "cadencia". En el caso de Beethoven lo que se suele hacer es tocar dos tipos de cadencias de dos músicos posteriores a él, que son, Kreisler, ( con " C " o con " K ", no me acuerdo ) y el otro creo que es el gracioso ese de " María, María, Maríaaaa", eh, Bernsteinn. Hay alguno más pero no es lo suficientemente conocido. Bien, pues el caso es que aquél día que comento se trataba de otro cadencista, y se trataba del tal Chenique. Mis oídos casi no podían soportar ese asesinato que se estaba cometiendo con el citado concierto para violín, pero había algo que me atrapaba y me hacía escuchar la obra entera para lograr enterarme del culpable de aquello. Nunca jamás antes se había hecho tal cosa, el tal Chenique era un atrevido y un audaz músico que aún hoy vive, y del que se sabe realmente poco, y que el tío me hizo hacer cosas extrañísimas con aquellas cadencias. Primero las gravé todas seguidas para así conformar una especie de obra a parte, y escucharla una y otra vez. De esa manera logré enfocar y además canalizar mi incomprensión, hasta llegar a comprender y a darme cuenta de que eran las mejores cadencias que había escuchado nunca, las que mejor iban con la personalidad y genio del compositor de Bonn; ¡Eran geniales, qué hostias! Llegaba a exaltarme un poco, qué barbarie. Y entonces me imaginaba al habitante del piso tocando esas locas cadencias de Chenique, en ese habitáculo oscuro y lóbrego, pero lleno del misterio más inquietante y más embaucador. Y las esferas de siempre de toda la vida de toda la eternidad girando alrededor de esas inexistentes calles, de esa historia que no era ni de miedo, ni de terror, sino del horror más milenario y más sobrecogedor, pero no un horror del que se podría pensar dañino o perjudicial para la salud mental, un horror de esos abismos que atacan a la mente que se quiere dormir y no saber nada del mundo que le rodea. El músico muere, se evapora, se alza contra ese cielo oscuro que estaba tapado por el grueso cortinaje de la ventana que daba al infinito de los Primordiales de los Dioses antes que los Dioses mismos. La Música nos puede hacer comprender cosas que son insondables para el saber humano, sólo hay que dejarse llevar. " Q " ________________________________________________________________ From: Escualo Subject: A propósito de cuento... DECALOGO DEL PEFECTO CUENTISTA Horacio Quiroga (1927) I) Cree en el maestro Poe, Maupassant, Kipling, Chejov como en Dios mismo. II) Cree que tu arte es una cima inaccesible. No suen~es en dominarla. Cuando puedas hacerlo lo conseguiras, sin saberlo tu mismo. III) Resiste cuanto puedas a la imitacion, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Mas que cualquier otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia. IV) Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dandole todo tu corazon. V) No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adonde vas. En un cuento bien logrado las tres primeras lineas tienen casi la misma importancia que las tres ultimas. VI) Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el rio soplaba un viento frio", no hay en lengua humana mas palabras que las apuntadas para expresarla. VII) No adjetives sin necesidad. Inutiles seran cuantas colas adhieras a un sustantivo debil. Si hallas el que es preciso, el solo tendra un color incomparable. Pero hay que hallarlo. VIII) Toma los personajes de la mano y llevalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tu lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta aunque no lo sea. IX) No escribas bajo el imperio de la emocion. Dejala morir y evocala luego. Si eres capaz entonces de revivirlo tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino. X) No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresion que hara tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interes mas que para el pequen~o ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento. ( Remitido por Escualo ) _______________________________________________________________ From: "Manú" <144@arrakis.es> Subject: Ella y Él Ella y Él Exteriormente Ella era rubia y hermosa, y Él era moreno y fuerte. Interiormente Ella era azul, y Él era intensamente rojo. Más adentro todavía Ella era como el cielo y Él era como el mar. Aparte de todo esto Ella se llamaba Elena y Él se llamaba Juan. Se conocieron alguna vez y nunca. Hay que aclararlo: Se conocieron alguna vez porque tarde o temprano todo el mundo termina por conocerse exteriormente. Y no se conocieron nunca porque nadie jamás llega a conocer ni a ser conocido por la otra persona en el Más Adentro Todavía. O sea, que vivían en la misma casa pero mutuamente se sentían como dos perfectos desconocidos. Elena tenía sus cosas y sus manías, y Juan tenía las suyas. No obstante, toda la inteligencia del mundo estaba dentro de sus cabezas, -y por eso podían meditar y dialogar sobre sus problemas conyugales y convivenciales-. "No tengo secretos para tí" le decía Elena a Juan, "Ni yo tampoco tengo secretos para tí" le respondía Juan, "pero aun así somos dos extraños". "Esto no tiene más arreglo" le decía Elena a Juan "sino que yo me convierta en mar y tú te conviertas en cielo". "Esa solución sería sólo aparente, querida mía" respondía Juan, "porque encuanto yo me convirtiera en cielo, el mar que fui antes me resultaría extraño, y en cuanto tú te convirtieras en mar, el cielo que eres te resultaría extraño también". "No me vengas, amor mío, con que esto es una simple cuestión de cambio de sexo" argumentaba Elena, "Hay mujeres más marinas que muchos hombres, y hay hombres más celestiales que muchas mujeres". "No digo que no" contraatacaba Juan, "pero un cambio de esencia en lo que uno es, ¿no le cambiaría a uno también y modificaría su percepción de la realidad?" "Mi impresión personal y subjetiva" confesaba Elena "es que si me reduzco al concepto vital de YO, todo ya me daría lo mismo ocho que ochenta". Juan rió de la gráfica aritmética expresiva de su amada y desconocida esposa. "Yo soy como el mar" repuso Juan, "y puedo transformarme en atmosféricos vapores celestiales, -pero me seguiría sintiendo húmedo-, y el YO que soy seguiría como pesando más que el YO que eres, ¿no crees?" "No lo creo en términos abstractos" dijo Elena, "aunque sí lo creo en términos concretos. Y reconozco que el hecho de vivir es un hecho físico". "Terrible conclusión que nos condena" dijo Juan, "a vivir eternamente el misterio de la vida". "Yo también así lo creo" dijo Elena y le rellenó la taza de café. "Y después de todo ¿qué nos importa? Si seguimos sin conocernos todo el rato, resultará mucho más interesante". "Es lo que yo digo" dijo Juan. Desde entonces los hombres y las mujeres se aceptan más o menos como parecen ser en los niveles somático y psicológico, -aunque no en el nivel arquetípico esencial, pues allí ya no hay ni hombres ni mujeres, según han llegado a reconocer Elena y Juan-. "En lo más alto y profundo de nosotros mismos" dijo Elena totalmente inspirada "somos pura Geometría Dinámica". "Elementos geométricos intercambiables" completó Juan como en éxtasis. Habían almorzado bastante fuerte, y a pesar de las tazas de café, les fue invadiendo un soporcillo y unas ganas tremendas de acostarse a dormir la siesta. "¿Crees que podríamos mantener este nivel de comunicación si nos acostáramos un ratito?" preguntó Juan a Elena casi en el límite de su física resistencia. "¡Oh, pues claro!" respondió Elena a Juan poniéndose en pie. Se tomaron de la mano como cuando eran casi niños, y pasito a pasito subieron los peldaños de la escalera hasta el piso de los dormitorios. Juan tenía por aquel entonces 97 años y Elena 94, pero seguían hermosos y jóvenes y sus cabellos eran rubios y negros debido a los tintes. La tersura de sus rostros se debía al continuo aporte de escleroproteínas a su dieta, y la elasticidad de sus miembros a que no pasaban ni un día sin hacer gimnasia. "Cada día estás más hermosa, pequeña mía" casi suspiró Juan en la boca de Elena al besarla ante la puerta de su cuarto. "Y tú estás cada día más atractivo, mi dios" replicó Elena casi sin aliento. Se separaron y cada cual se metió en su habitación a dormir la siesta. Mientras el sueño acababa por poseerles ambos recordaron en sus respectivas camas el día aquel en que unieron sus vidas y en que decidieron ser inmortales por los siglos de los siglos. Sonrieron plácidamente y se sumergieron en el sueño. Inmediatamente volvieron a reencontrarse, bellos y jóvenes, en un hotel de una ciudad lejana. Siempre pasaba igual: Sus dos sueños eran siempre uno y el mismo que ambos compartían. Vivieron pues la aventura de aquel día entre otros personajes oníricos, conscientes de que habían descubierto -con su secreta técnica para compartir los sueños- una forma de vida total y plena que cada día les aportaba dos series de vivencias inéditas. Hoy están en la India viviendo permanentemente en el Taj Mahal. Hora y media después Elena despierta a Juan y le lleva un té a su cama. "Precioso, perfecto, maravilloso..." dijo Juan tomando el primer sorbo sin abrir aún los ojos. Elena sonreía mientras fumaba un cigarrillo y bebía en silencio a pequeños sorbos su taza de té sentada al borde de la cama. M a n ú http://www.line-pro.es/kronos/manu/libro.html _________________________________________________