C U A D E R N O D E B I T Á C O R A d e l C l u b d e A m i g o s K R O N O S l a N a v e d e l a F i l o s o f í a y l a C i e n c i a e l A r t e y l a P o e s í a e l H u m o r y e l M i s t e r i o S U M A R I O Viernes 16-1-98 Edición de Tarde ___________________________________________________________ Elia 4___________________________________" Sueño Infantil " * Q *_____________________________Queriéndome aproximar Merlín el Mago__________________________El Misticismo ( 8 ) ___________________________________________________________ From: "Elia 4" <7soles@arrakis.es> Subject: " Sueño Infantil " María, subía la empinada cuesta de adoquines, radiante de felicidad. Llevaba la asignación semanal bien apretada en su pequeña mano. Desde que descubrió que con ella le daban un libro en la tienda del Paseo todos los sábados se dirigía aprisa hacia aquel lugar que olía a papel, lápices y borradores de colores. Pasaba mucho tiempo mirando los nombres y dibujos de las portadas, hasta decidirse por uno. El hombre de la tienda la miraba sonriente, y solía decirle que eran libros juveniles. María no entendía del todo aquello, pero notaba que no quería que ella se llevase de esos libros. El primer día que fué, le enseñó unos muy finitos llenos de dibujos, pero María ya los conocía todos, así que el hombre no volvió a insistir. Se decidió por las Mil y una Noches y dió su asignación al hombre de la tienda. En la portada había un palacio árabe y gente vestida como a ella le gustaba jugar a vestirse cuando estaba sola; y sólo cuando estaba sola, porque le parecía que aquello podría hacer enfadar a su abuela; María estaba convencida de que ésta era una bruja disfrazada que la tenía secuestrada. Se enfadaba por todo y la obligaba a comer mucho. Pero se transformaba en hada buena cuando le daba el dinero para el libro semanal. Pasó toda la tarde leyendo el nuevo libro, era más bonito de lo que pensaba: Había sultanes, genios, tesoros escondidos, alfombras voladoras, magos, princesas, y todo un maravilloso mundo en el que lo que ella imaginaba era real. María deseaba con toda su alma poder llegar a ese lugar, pero no sabía cómo, ni dónde estaba. Miraba por las noches una brillante estrella en el cielo, - la estrella donde se encuentra el país donde nunca se crece y se es siempre niño -; y recorría el cielo con la mirada, esperando encontrar un gran barco surcando el espacio, hacia ella, - como en el conocido cuento de Peter Pan -, para llevarla allí. Terminaba quedándose dormida, -soñando-, pero siempre. . . dejaba la ventana abierta. María esperaba todas las noches aquel barco del cielo, pero iba creciendo. Tenía poco tiempo para escapar de su secuestro, y dejar el mundo gris de los mayores, - siempre hablando de cosas serias y tristes -, porque a aquel país de fantasía sólo se podía llegar siendo niño, y ella crecía y crecía; ¿ sería por eso, por lo que la bruja que se había disfrazado de abuela la obligaba a comer tanto ?; ¿ para que creciera y ya no pudiera llegar allí ?. Un día, le dijeron que ya era mayor y que debía dejar los juegos y las "tonterías" y comenzar a portarse como una persona seria y responsable; y María pensó que perdía la oportunidad de escapar de ese oscuro mundo que le rodeaba, y que tendría que quedarse en él para siempre. Comenzó a llorar en silencio esa noche, y la siguiente, y muchísimas noches más; hasta que consiguió olvidar el dolor y dejó de llorar. Pasaron los años, y María siguió soñando, aunque los recuerdos infantiles se fueron convirtiendo en borrosas imágenes; pero en la noche, - no sabe bien por qué -, la ventana sigue dejando sin cerrar. * * * Un saludo a todos, y mis mejores deseos. Y un beso a Lydia por la encantadora descripción de su barrio. Elia **** ___________________________________________________________ From: * Q * Subject: Queriéndome aproximar Return-Path: b075362504@abonados.cplus.es ESTÁ DENTRO [[[[[[[[]]]]]]]] """Los demonios hacen que lo que no es, se presente, sin embargo, a los ojos de los hombres como si existiera""" Lactancio. Cuando por la tarde iba a ver cómo uno de los soles se hundía en la ancha superficie dorada, siempre se quedaba con la misma duda; "¿De quién serán las huellas que quedan en la arena?" Una arena casi transparente, azulada, reflejo de ese cielo que nunca descansa. Y se hacía una y otra vez la pregunta, porque nunca lograba ver a nadie acercarse por ese lugar; cierto es que tampoco se quedaba toda una sesión de lo que sería una jornada completa, pero ningún día había coincidido con el que dejaba esas huellas. Las huellas, que quedaban claramente marcadas en aquella arena, no eran pisadas que él reconociera de sus semejantes, por tanto el interrogante se hacía aún más complejo; no se trataba de saber "quién" era, como de "qué" era lo que siempre se introducía en esa superficie dorada. Se "introducía", luego las huellas tenían una sola direción, nunca tenían una trayectoria de salida, al menos eso se podía deducir, o eso era lo que él podía decucir. Danker, el observador de las pisadas, de las huellas, del extraño hundimiento de aquel sol, era siempre carne de cañón por lo que ocurría en su ciudad, Odesbueis; hechos confusos que nadie conseguía descifrar y aclarar a ciencia cierta. En todas las ciudades, comarcas, pueblos y aldeas del mundo, siempre hay alguien sospechoso de hechos extraños; campos de hierva debastados por no se sabe qué desconocido insecto, brotes de hojas en los árboles que sólo a un niño de parbulario se le podría ocurrir pintar de rojo o de azul, y fenómenos en general que no tenían una base lógica para los habitantes del lugar. En el caso de la ciudad de Odesbueis el sospechoso era siempre Danker. Quizá su extraña apariencia y que no fuera natal de la ciudad, le convertían en un candidato preponderante; a los forasteros siempre les ocurría lo mismo. Odesbueis estaba enmarcada en la comarca de Ordra, al sur de la península de Luctul, y simpre había estado rodeada de leyendas extrañas y tópicas como cualquier lugar de nombre inrecordable. Danker hacía poco que había llegado a la ciudad de Odesbueis, y los habitantes todavía no sabían muy bien de quién se trataba, porque entre otras cosas él no se había relacionado con nadie, no estaba dentro de sus propósitos. El vagar de Danker le había llevado a lugares muy diferentes de Teixtar, la tierra del Legado Azul. Desde que decidió darse a la existencia todo había cambiado a su alrededor sin que nadie cayera en la cuenta, y era normal, su capacidad de inmiscuirse en cualquier parte era parte de su sapiencia, de su saber hacer. Danker carecía de descendientes, y de antepasados, y de todo fenómeno cultural concebido por el resto de los habitantes de Teixtar y otras regiones del Espacio Oscuro. Resultaba ser al final de toda deducción, un ser Eterno, sin principio ni fin, sin pasado y sin futuro, el tiempo era algo remoto para sus diversas almas. Y otra tarde más llegaba a la misma hora de siempre, o en el mismo momento de siempre, pues hora o tarde, o cualquier otra sinonimia de tiempo era ridícula de utilizar en el caso de la ciudad de Odesbueis. Pero allí se encontraba de nuevo Danker ante aquel vasto espacio dorado, con su sol ardiente hundiéndose en aquél horizonte extremo. Y las pisadas, esas huellas inexplicables aparecían de nuevo, allí, quietas, inamovibles, y Danker se sentía agotado, mojado, con asfixias múltiples y en su cabeza rondando la pregunta. Parecía imposible que cualquier otro habitante de Odesbueis se atreviera a acercarse a la Hondonada del Abismo, el lugar desde el que Danker contemplaba los hundimientos de ese sol tan poco creíble. El curioso habitante valiente permaneció parapetado entre algunas de las grises plantas que allí crecían; ser visto por Danker no sabía bien qué consecuencias le traería a su pobre vida. Lo que a los pocos momentos de estar allí pudo ver con sus propios ojos no tenía palabras lógicas para expresarlo, o ni tan si quiera para una simple descripción: Danker estaba sencillamente transformándose en lo que vulgarmente se podría llamar "monstruo", pero sería demasiado fácil y más fácil aún marcharse de aquél espeluznante lugar. Todo tipo de gruñidos y estertores salían de la deforme boca de Danker. Su piel era un guiñapo de ebras parecido al cuero antiguo, su cabeza se inflaba como si de un globo se tratara, las extremidades superiores se convertían en espantosas aletas de lo que podría ser un Galápago o similar, y sus piernas eran una mezcla de garras de algún pájaro anterior al Final, y unas pezuñas de algún ganado que todavía quedaba en algunas de las tierras de Ordrax. Una vez pasado todo ese mal trago transfasmagórico visionado por el habitante atrevido, lo que antes era Danker se dirigía hacia la anchura del espacio dorado, se hundía en la espesura infranqueable para cualquier ser viviente y desaparecía. El habitante corrió a ver lo acontecido desde más cerca; breves y oscilantes burbujas pesadas quedaban aún en la espesura de la superficie blanda del dorado lugar. El habitante quedó como congelado en el sitio, a penas tuvo fuerzas para lograr sentarse en aquella arena azulada. Después de un tiempo algo de nuevo surgía de la masa dorada, algo que evidentemente era la transformación de Danker, el habitante, amodorrado por la densidad del ambiente casi no es capaz de salir huyendo. Lo que era antes Danker sale lentamente del espacio dorado y de nuevo empezaba en él otra transformación, esta vez para volver a su figura anterior. Subió por la roca desde la que contemplaba su momento favorito y de nuevo su pregunta venía rauda y estrepitosa a su desordenado pensamiento, y esa humedaz, y esa asfixia le acosaban de nuevo, sin preguntarse el por qué de ese hecho, sólo el hecho de las pisadas tan recientes como su ahogamiento. " Q " ___________________________________________________________ From: Merlín el Mago Subject: El Misticismo ( 8 ) R I N C Ó N D E L M I S T E R I O El Misticismo ( 8 ) Misticismo contemporáneo : En el siglo XX se ha experimentado un renacimiento del interés por el misticismo cristiano y no cristiano. Primeros comentaristas de renombre fueron el barón austríaco católico Friedrich Hügel, el poeta y escritor británico Evelyn Underhill, el cuáquero estadounidense Rufus Jones, el prelado anglicano William Inge y el teólogo alemán Rudolf Otto. Un importante comentarista seglar ha sido el psicólogo y filósofo estadounidense William James en The Varieties of Religious Experience (1902). En las tradiciones no cristianas, el comentarista más destacado sobre budismo zen ha sido el japonés Daisetzu Suzuki; sobre hinduismo, el filósofo indio Savepalli Radhakrishnan, y sobre el Islam, el investigador británico R.A. Nicholson. La segunda mitad del siglo XX ha conocido un progresivo interés por el misticismo oriental. La tendencia mística en el judaísmo, que recibió un énfasis particular en los escritos de la Cábala de la edad media y en el movimiento del hasidismo del siglo XVIII, fue descubierta de nuevo por el filósofo e investigador austríaco moderno Martin Buber. Son conocidos, como místicos modernos, la filósofa social francesa Simone Weil, el sacerdote y filósofo francés Pierre Teilhard de Chardin y el monje trapense estadounidense Thomas Merton. Merlín el Mago ___________________________________________________________