C U A D E R N O D E B I T Á C O R A d e l C l u b d e A m i g o s K R O N O S l a N a v e d e l a F i l o s o f í a y l a C i e n c i a e l A r t e y l a P o e s í a e l H u m o r y e l M i s t e r i o http://www.line-pro.es/kronos/entra_al_foro.html (Abril en breve) http://www.line-pro.es/kronos/marzo/ (todo Marzo) S U M A R I O Miércoles 22-4-1998 Edición de Noche ___________________________________________________________ Luis K'Fong______________________La aristocracia del barrio zaratustra_____________Grecia y las escuelas herméticas III Manú________________________________________________La Niña ___________________________________________________________ From: Luis K'Fong Subject: La aristocracia del barrio Martes 21 de abril de 1998 La aristocracia del barrio Por: Luis K'Fong Fierro Hasta hace poco, siempre que pasaba por ahí, echaba un vistazo rápido, a ver si ya habían caído más rayones. A veces, hasta me detenía a tratar de entender todo el sinsentido de esos "Richie", "Tanis", "Güero", "Lupe" o "Yoya" escritos con letra garigoleada, con toda la intención de que nadie, excepto ellos, los entienda. O bien, a tratar de identificar de quién somos territorio, si de los "Harpies", "Los Vagos XIII" -así, con artículo, número y todo incluido en la placa- o los "Lokos Treintaytres y Treintaycuatro", denominados así por los límites de sus calles, de sus ganes, de sus domi-nios de nuevos señores feudales combinados con mafiosi de, como diría Serrat, la "aristo-cracia del barrio". Pero desde hace una semana ya no existe el monumental palimpsesto. En su lugar, el martes pasado vi una pared reluciente que de tan blanca hería las visiones de los paseantes. Para el miércoles, la vimos fondeada, como una gran bandera extraña: comenzaba con azul, luego una franja blanca y finalmente una naranja, como la de los comercios de comida rápi-da, las hamburguesías, pues. El jueves, finalmente, pusieron la placa de la nueva aristocra-cia barrial: Con letras bien hechecitas, bien repartidas en los colores, en contrastes estudiados, nues-tra pared rezaba: "Para que tú vivas mejor, Galindo mi gobernador" y luego como una firma de responsabilidad, las siglas del Partido de Acción Nacional, el PAN. Como antes, más que antes, medio me detuve a ver si entendía el nuevo sinsentido, tal vez afectado por algu-na desviación profesional de mi oficio de corrector de estilo: ¿Quién es en esta oración el sujeto? Dos posibilidades: que sea el autor de la frase propa-gandística, o sea el responsable de la publicación, el partido conservador del PAN. Y la otra que sea un truquillo de esos que hacen los publicistas que pretenden que al leer uno sus in-geniosas construcciones, adopte el punto de vista de quien intenta manipular. Pues bien. Si es la primera, entonces ¿de quién será Galindo gobernador? De los del PAN, obviamente. Y ello no tendría nada de malo o raro. De hecho, los últimos gobernado-res que hemos tenido se han distinguido precisamente por eso, por gobernar para sus cuates, sus íntimos, sus amiguetes. Pero ¿por qué habríamos de vivir mejor si Galindo gana? La experiencia -que dice mi tía que es madre de toda sabiduría- nos dice que sea uno o sea otro "su" gobernador, para los de abajo es exactamente lo mismo. Igual ganamos un mínimo ridículo, igual somos huéspedes conspicuos de la cárcel e igual no podemos opinar absolutamente sobre nada que no sea quién será "su" gobernador o quiénes serán "sus" di-putados, cada tres o seis años, según sea el caso. Y si la interpretación es la segunda, entonces la cosa está peor: ahora resulta que si noso-tros tenemos un gobernador, es decir que si la expresión "mi gobernador" debe asumirlo el lector, el elector, el transeunte inocente que ve la barda, quien va a mejorar su vida es un "tú" ajeno al que ve, al que lee, al que vota. O sea, una confesión de parte expresa: "queremos que tú votes, para que nosotros viva-mos mejor..." Que es lo que los necios hemos venido diciendo desde hace muchas décadas: que mien-tras la democracia se siga limitando única y exclusivamente a la emisión del sufragio para la elección de gobernantes, lo que se dirimirá en estos ejercicios serán intereses, es cierto, pero no de todos, sino sólo de quienes organizan la democracia, de quienes gozan la demo-cracia, de quienes detienen la democracia y nos recetan esa democracia. Y bueno, nada nuevo bajo el sol. Pero, ¿no le parece demasiado descaro ponerlo en las bardas? _________________________________________________________________ From: zaratustra Subject: Grecia y las escuelas herméticas III La Metafísica del Número   La doctrina fundamental de los pitagóricos consiste en que la sustancia de las cosas es el número. Según Aristóteles (Met., I, 5), los pitagóricos, que habían sido los primeros que hicieron progresar la matemática, creyeron que los principios de la matemática fuesen los principios de todas las cosas; más que en el fuego, en la tierra o en el aire, muchas semejanzas con las cosas que son o que devienen. Aristóteles opina, por tanto, que los pitagóricos atribuyeron al número la función de causa material que los jonios atribuían a un elemento corpóreo: lo cual resulta, sin duda, una indicación preciosa para entender el significado del pitagorismo, pero no es aún suficiente para hacerle claro. En realidad, si los jonios para explicar el orden del mundo recurrían a una sustancia del mundo. El número como sustancia del mundo es la hipóstasis del orden mensurable de los fenómenos. El gran descubrimiento de los pitagóricos, el descubrimiento que determina su importancia en la historia de la ciencia occidental, consiste precisamente en la importancia fundamental que concedieron a la medida matemática para entender el orden y la unidad del mundo. Veremos que la última fase del pensamiento platónico está denominada por la misma preocupación: hallar aquella ciencia de la medida que es al mismo tiempo fundamento del ser en sí y de la existencia humana. Los pitagóricos dieron antes que nadie expresión técnica a la aspiración fundamental del espíritu griego hacia la medida, aquella aspiración que Solón expresaba diciendo: "La cosa más difícil de todas es aprender la invisible medida de la sabiduría, única que lleva en sí los límites de todas las cosas". Como sustancia del mundo, el número es el modelo originario de las cosas puesto que constituye, en su perfección ideal, el orden en ellas implícito. El número es, pues, sustancia incluso en el sentido de la normatividad, del deber ser; y el concepto de la sustancia originaria adquiere así, gracias a los pitagóricos, una determinación fundamental. El concepto de número como orden mensurable permite eliminar la ambigüedad entre significado aritmético y significado espacial del número pitagórico, ambigüedad que ha denominado las interpretaciones antiguas y recientes del pitagorismo. Aristóteles dice que los pitagóricos trataron los números como magnitudes espaciales y refiere también la opinión de que las figuras geométricas eran el elemento sustancial en que los cuerpos consisten. Algunos estudiosos van aún más allá, sosteniendo que los pitagóricos consideraron las figuras geométricas como principios de la realidad corpórea y redujeron estas figuras a un conjunto de puntos, considerando a su vez los puntos como unidades extensas. Otros intérpretes insisten en considerar el significado geométrico como el único que permite entender el principio pitagórico que todo resulta compuesto de números. En realidad, si por número se entiende el orden mensurable del mundo, el significado aritmético y el significado geométrico resultan fundidos, puesto que la medida supone siempre una magnitud espacial ordenada, por lo tanto, geométrica, y al mismo tiempo un número que la exprese. Se puede decir que el verdadero significado del número pitagórico se expresa mediante la figura sagrada por la cual los pitagóricos tenían la costumbre de jurar y era la siguiente: . . . . . . . . . .  La figura representa el número 10, como el triángulo que tiene el «4» por lado. La figura constituye, pues, una disposición geométrica que tiene el «4» por lado. La figura constituye, pues, una disposición geométrica: el concepto que esta disposición presume es el del orden mensurable. _________________________________________________________________ From: Manú <144@arrakis.es Subject: La Niña La Niña "Vénir, Luna, vájar; vésar a mi enkanto en la frente", deze la madre a la niña cikita ke tene en su falda, mientras la luna sonree soñando. De la soledad kargada de sonvras del voske de mango vene, deslizándose por la oskuridad, la vaga fraganzia del verano i el kanto de los pájaros de la noce. I el surtidor de kejunvre de la flauta de un lavrador, suve ayá en una aldea distante. I la madre joven, sentada en la azotea, kon la niña en la falda, arruya dulzemente: "Vénir, Luna, vájar; vésar a mi enkanto en la frente". I mira arriva a la luz del zielo, i luego a la luz de la tierra en sus vrazos. Yo me maraviyo del plázido silenzio de la Luna. La niña cikita repite reendo lo ke su madre le deze a la luna: "Vénir, Luna, vájar". I la madre sonree, i sonree la noce yena de luna. I yo, el poeta, el marido de la madre de la niña cikita, lo vo todo eskondido. El día de tenprano otoño esta sin una nuve. Va el río yeno asta la oriya, i lava las raízes desnudas del árvol ke se tanvalea en el vado. I el largo sendero estreco, komo la lengua sedienta de la aldea, se unde en la korriente. Se me yena el korazón mirando en torno mío, viendo el zielo kayado i el agua ke korre: sentiendo ke la felizidad se a posado en todo, tan senziyamente komo una sonrisa en la kara de un niño. Kansadas de esperar, estayásteis vuestras ataduras, ¡flores inpazientes!, antes de averse ido el invierno. A vuestra vela junto al kamino yegaron vislunvres del Invisivle ke venía, i os prezipitásteis fuera, korriendo i jadeando, ¡ansiosos jazmines, tropa de rosas desenfrenadas! Sísteis las primeras en korrer a la vreca de la muerte, i vuestro klamoreo de kolores i perfumes trastornó el aire. Reíais estrujándoos i enpujándoos, i dásteis el peco, i kaísteis en montones. Venirá a su tienpo el verano, navegando en la pleamar del viento sur; pero vosotras no kontásteis nunka los minutos lentos, para estar seguras de él. Lokamente, os derrocásteis del todo por el kamino, kon la alegría terrivle de la fe. Oísteis sus pasos lejanos, i arrojásteis, para ke él lo pisara, vuestro manto de muerte. Vuestras ligaduras saltan antes de ke se ve el salvador; lo azéis vuestro antes de ke él poda venir a reklamaros. ( Ravindranaz Tagore : Regalo de Amante ). M a n ú ICQ 10423732 http://www.line-pro.es/kronos/entra_al_foro.html http://www.line-pro.es/kronos/manu/libro.html _________________________________________________________________