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Capítulo V Tauin ( 18 ) KIR Fénix Manú <144@arrakis.es>
*******/******* ¿Y qué hacemos con el tren?, preguntó Zedfank cargándose a la espalda su guitarra y saliendo del compartimento; Tú déjamelo a mí, respondió la voz de Bast, que ya etérea y nebulosa se disolvía en la metafísica, ¡puede servirnos de hilo conductoooooooooooooor!...; y así fue, el tren se disolvió en la nada con todos sus ocupantes, y Zedfank salió a un pasillo de la Morada Magnífica. Pero ya no llevaba su guitarra, sino que vestía espléndidas vestiduras de Gran Mago, aunque en esta función Zedfank ejercía pocas veces, -aparentemente-, pues iba más bien de musical y melodioso. Al doblar una esquina se encontró con Seth, que venía comiendo palomitas de un cartucho recién abierto; ¿Unas palomitas?, le ofreció; No, gracias, ¿qué se te ofrece?, preguntóle a su vez el Mago que sabía que Seth nunca ofrece algo por nada a cambio; Me han hecho Concesionario Universal del Consumismo; así que todo lo que necesites y se te ocurra comprar, te lo puedo proporcionar con un descuento, -por ser para tí-. La doble hoja de la puerta de un salón comenzaron a abrirse solemnemente a su paso, pero los feroces ladridos de un chacal los detuvieron, aunque sólo a Seth, pues Zedfank siguió andando majestuosamente; ¿Y yo? preguntó el Malo maléfico y malvado asesino que era Seth, ¿yo no entro?; Déjalo pasar, Anubis, se oyó decir a la voz firme y melodiosa del Hathor, la inconfundible, aunque en muchas ocasiones se confunde con otras voces diversas más o menos iguales o parecidas, Venid, amigos míos, gente nueva, perdidos de todos los mundos. (Vaya recibimiento, pensó Seth, ¿qué le podría yo vender a ésta?); Señora..., dice el Mago inclinando levemente la cabeza. Hathor está sentada en su trono, más sencillo que lo usual, con sólo tres escalones; le extiende su mano diestra y el Mago se la besa; y cuando Seth va a hacer lo mismo, Hathor la retira con elegancia; sentaos, señores. Hay dos sillones al pie del trono, a ambos lados. Anubis, el Gran Chacal, es un dios antropomórfico y continúa de pie, atento y vigilante, como guardián que es de todos los umbrales; la cabeza puede ser de cartón piedra liviano para las representaciones, -queda bien y no hay que ser un monstruo para salir a escena-, pero su color ha de ser negro según mandan los cánones. Los feroces ladridos que lanza cuando viene al caso pueden ser debidos a un potente altavoz direccional instalado en el casco chacalmórfico, o bien puede tratarse de un milagro, -ya que Anubis hace también milagros de hipnosis instantánea como todo el mundo que aprende a hacerlos-. ¡¡¡GUAU!!! Seth pegó un respingo; Calla oh Tú que velas sobre las tumbas, dice Hathor con toda naturalidad, calla y vigila a este asqueroso ser, (Seth enrojeció hasta las orejas), calla y vigila y no lo pierdas de vista, ni a él ni a sus catálogos; El infame este es un cerdo, responde Anubis con voz complatemente normal de persona corriente y educada, un bicho innominable, pero descuida oh Tú, oh diosa de mis amores, que como se pase, de un patadón lo echo del cuarto. Quedaron claros pues los términos del contrato. El salón estaba en penumbra, a media luz, dejando en fascinante oscuridad apenas rutilante el fondo último de la estancia; Seth se estaba temiendo lo peor, (aquí está Xir, se dijo para sus adentros; y sin embargo yo no soy malo, ¡no lo sóy, no lo soy y no lo soy!); A alguien tenía que tocarle tu papel, compréndelo, le dice Hathor adivinándole el pensamiento, sin Malo no hay película, ni drama, ni epopeya, ni diferencia de potencial entre los cables, ni nada de nada, y alquien tenía que hacer el rolito. ¿¡ Por qué yo, por qué yo, por qué yo !?, Seth se mesaba los cabellos; No te vengas ahora con aspavientos, tío, dice Anubis, se trata del Problema del Mal. Eso está clarísimo, dice Seth encendiéndose un cigarrillo, el Mal es mi trabajo y procuro hacerlo con profesionalidad; lanzó un chorro de humo y se rasco dos veces el cuello, primero con una mano y después con la otra; el Mal tiene sus técnicas, y no cualquiera puede hacerlo con sutileza sin tocar un pelo al libre albedrío, -tengo varias cosas interesantes que seguramente os gustarán: unas colecciones de discos que os darán marcha, en secapelo que en diez segundos te deja el pelo como nuevo, una aspiradora robótica...-; Corta el rollo, réprobo, le espetó Anubis, o te ladro; Seth no tuvo más remedio que guardarse el librito de referencias de sus productos; Qué abusivo eres, querido, ¿nunca te cansas de intentar vendernos cosas?, como que preguntó Hathor sin mirarle; Nunca me canso, majestad, nunca, es como un vicio; Ya lo veo; el problema que nos ocupa en este momento no es exactamente el del Mal, sino más bien el de las vibraciones cuánticas, -el de resonancia y eco-, o de la armonía y desarmonía que dirías tú, amigo Zedfank; es un problema aún irresuelto que viene desde lo más profundo del espaciotiempo; planteado en terminos correctos se diría que lo implica a todo en simetría, en contradicción armónica, en... ¿ En qué ? pregunta Seth. Espérate, ahora te lo cuento. M a n ú |
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