C a p í t u l o X V

Tauin ( 67 )

KIR Fénix

Manú <144@arrakis.es>

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El único que se quedó dentro de la conciencia de Seth fue Zedfank, después de que los otros se fueran con la música a otra parte, o mejor dicho, que se desconectaron de sus respectivos aparatos de telepatía múltiple, que son lo más parecido a los teléfonos antiguos que hay en Atlantis : unos cacharros de intercomunicación que tiene cada uno en su casa y que tienen muy diversos usos, como por ejemplo hablar telepáticamente entre dos o más personas, más o menos privadamente, (porque todo queda grabado y procesado en la Central de Comunicaciones), o con carácter oficial, sustituyendo al pensamiento del individuo que recibe la comunicación por el pensamiento del comunicante, de modo que el interferido no puede distinguir si lo que se le está ocurriendo a él se le está ocurriendo a él verdaderamente o es un pensamiento de otro.

Cuando se tiene la conciencia tranquila y funciona la capacidad autocrítica del sujeto, da igual si lo que se piensa es propio o ajeno, con tal de que sea honesto e inteligente. Esta renuncia implícita y explícita a tener un fuero interno independiente y mezquino donde pudieran fraguarse impunemente pensamientos y sentimientos negativos y destructivos para la Gestalt Social Armónica fue el paso previo indispensable para la edificación de Atlantis. Todo lo demás es ya lógica consecuencia de ese Principio de Renuncia a todas las formas del Egoísmo, empezando por las formas más íntimas y secretas.

Y esto fue lo que hizo de la Atlántida un continente aparte, habitado por una única gestalt armónica de innumerables cuerpos, tantos como células hay constituyendo un único organismo sano y honesto e inteligente. Aparte de La Atlántida solamente existen "agregados coloniales pólipos", esto es, grandes masas coralinas de gentes que viven juntas en ciudades incapaces de elevarse sobre el mar noosférico más allá de apenas unos centímetros. Tales arrecifes coraloides son continuamente presa de los depredadores ictiformes, y de vez en cuando son barridos por algún huracán cosmológico, que en un rato arrasa miles de años de lento y vegetativo crecimiento. Sobre tales islas inmersas y sumergidas en el océano noosférico se edifican los estratos inferiores de La Atlántida, mentalmente invisible e imperceptible para los pólipos de bajo la superficie, salvo en muy contados puntos de contacto en los que el Mundo de Arriba se apoya en el Mundo de Abajo.

La presencia arquetípica de Seth se refiere únicamente a esa zona horizontal de transición bañada por las olas del mar noosférico y que por tanto no está ni permanentemente bajo el agua, ni permanentemente inaccesible por encima. Seth sabe, como cualquiera, que los pólipos del coral no pueden vivir fuera de su líquido elemento; y procura evitar o entorpecer la elevación continua de la Montaña por encima de la superficie del mar noosférico; pero todos los demás dioses, por el contrario, van creando metro a metro estructuras de luz y de belleza en el océano azul del aire. Evidentemente la función coraloide no da más de sí una vez llegada a la superficie del mar, pero los dioses son espíritus del aire, como los pájaros y el viento, y traen de ignotas lejanas playas materia espiritual y semillas del Reino Verde, que alzan el suelo y edifican las espléndida Ciudad Etérea que se eleva majestuosa y pura hasta los cielos.

Sin apenas darse cuenta Seth, el taxi se detuvo ante la majestad imponente del Kronotemplo, la Gran Catedral de la Armonía de Atlantis, y una fuerza irresistible y musical le abrió la portezuela y le obligó a salir y a subir la escalinata de pórfido azul y a entrar en la Gloria Inefable del interior.

La música creció en intensidad como un hermoso trueno de Armonía : Zedfank tocaba el órgano. Sentado en su trono del altar mayor y único, Osiris estaba esperando a Seth para juzgarle por sus crímenes. Anubis, El Guardián Sagrado del Umbral estaba en pie ante la Balanza del Juicio.

Seth se arrodilló, pero su adoración no fue aceptada; a un gesto de Anubis tuvo que levantarse y confesar sus negaciones. No he blasfemado contra los Dioses; No he mentido a los condenados, aunque los he engañado con su propio consentimiento; No he deshonrado a quienes no lo hicieron por sí mismos; No he matado con mis propias manos, aunque he utilizado las de muchos; No he corrompido más que a los corruptos; No he profanado más que a lo que por sí mismo estaba ya profanado; No he robado más que a los ladrones; No he hecho burla más que de los burladores; No he matado más que a los muertos; No he inducido a nadie al Bien, pero tampoco he inducido a nadie al Mal; No he saqueado más que a los despojos; No he maltratado más que a los asesinos; No he olvidado las ofensas, pero tampoco las he inferido; No he vilipendiado más que a los viles; No he despreciado más que a los despreciable; No he ido al encuentro de la muerte, pero le he permitido el paso; No he obstruido el camino de salvación, pero he puesto por todas partes señales equivocadas; No he consentido la avaricia, sino que la he llenado de agujeros para que al avaro se le escape de las manos; No he mirado al Sol ni a las estrellas, mas tampoco he impedido a nadie hacerlo; No he cuidado las plantas, pero menos aun las he envenenado; No he hecho ninguna maldad por mí mismo, pero tampoco he evitado que se comentan; No he proferido maldición más que sobre los malditos; No he acusado más que a los culpables; No he maniatado más que a los presos de sus vicios; No he socorrido al imprudente; No he malgastado mi palabra con los sordos de corazón ni con los santos; No he mentido, pero no dicho la verdad jamás; No he condenado más que a los perdidos; No he dado consuelo a nadie, pero los he engañado con sus propias palabras; No he dado la razón más que a los tontos; No he privado a nadie de sus posibilidades; No he concurrido más que a donde fui invitado; No he buscado beneficio para mí, sino para los malvados; No he podido impedir la edificación de Atlantis.

Seth calló.

Anubis puso una pluma en un platillo de la Balanza del Juicio; luego fue a Seth, y le arrancó el corazón, y lo puso en el otro platillo de la balanza.

La Balanza, que con la pluma se había hundido hasta lo hondo, recuperó el exacto nivel al ser depositado el corazón de Seth. Todo estaba en paz. El Gran Chacal tomó el corazón y volvió a ponérselo a Seth dentro del pecho.

La música del órgano volvió a subir imperceptiblemente, monótona, cansada, fatigada en una fuga interminable; sin embargo, en el fondo sinuoso de una segunda oculta melodía, sonreía, cómplice y feliz secretamente, como el aire que mueve en primavera las tiernas hojas de los árboles.

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M a n ú
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